Curriculum: Ana León Garrigosa Mediadora y Abogada. Trabajo en el Proyecto de Mediación Intrajudicial del I.C.A.V.A. y C.E.M.I.C.A.V.A Imparto cursos de mediación en la U.N.E.D. Zamora, en la U.E.M.C., en Cámara de Comercio de Valladolid, en la Facultad de Derecho de Valladolid, y a los alumnos de E.L.S.A. Cofundadora https://adcordis.com/ y proveedora de ODR en España para https://www.youstice.com/es/ plataforma internacional multilingüe de resolución de conflictos en línea.

 

Os doy las gracias por poder participar nuevamente en vuestro Boletín, es un honor, y además tengo que agradeceros la espléndida sección de mediación del I.C.A.V., cuyos links siempre facilito a mis alumnos de mediación, para su conocimiento y práctica de la mediación, agradeciéndoos siempre la gran labor difusora que hacéis de la mediación.

 

Me gusta siempre dar un enfoque práctico en mediación, pues creo que a mediar, se aprende mediando inmediatamente después de formarse; voy a compartir con vosotros una experiencia que tuve durante una mediación hace ya algún tiempo y que siempre recuerdo con alegría, aunque yo no hice nada, sólo ayudé siendo un vaso comunicante para ambas partes. Por razones evidentes omitiré datos personales para poder exponer este caso de mediación familiar.

 

Me llamaron por teléfono unos progenitores jóvenes divorciados, padres de una niña de siete años. Les cité en un par de días para realizar una sesión de pre-mediación en mi gabinete, y una vez explicado en qué consiste la mediación, directamente la iniciamos sin más preámbulos por propia voluntad de ambos, estaban muy intranquilos y querían solucionar las cosas cuanto antes. Como esto mismo ya me ha sucedido en otras ocasiones y especialmente en casos en los que la gente viene de afuera, siempre dejo al menos una hora y media libre en mi agenda por si surge, poder iniciar el proceso de mediación tras la sesión informativa.

 

Tras unos meses de divorcio ambos se exponen su gran preocupación por el bienestar de su hija común a la que notan descontenta y deciden venir a mediación. El juez les impuso una resolución judicial que atribuyó la guarda y custodia compartida a ambos (viven en distintos pueblos a unos veinte kilómetros de distancia). Tras el divorcio dejaron de hablarse, pero la profesora les llamó a una tutoría conjunta y allí fueron más conscientes de la situación de su pequeña. La madre tiene a su vez otros dos hijos un poco más mayores que la pequeña, de una anterior relación sentimental. Cuando ambos progenitores vivían juntos, el esposo también hacía las veces de padre de los otros dos niños de la familia, y éstos le están echando mucho de menos, pero el padre no sabía nada de esto porque él lo estaba pasando muy mal. Sin embargo por lo que acuden a mediación es porque están percibiendo a su hijita con mucha inestabilidad emocional.

 

Las sesiones de mediación se mantuvieron en un clima de respeto recíproco aunque había diferencias de opiniones. Los dos estaban preocupados por su hija, y angustiados sin saber cómo coordinarse. Sin embargo lograron empezar a dialogar de nuevo y ambos se escucharon y se pusieron en la piel del otro. Afloraron muchos sentimientos.

 

El padre restituyó algunas cosas que la resolución judicial le otorgaba, y la madre cedió en otras. Finalmente alcanzaron un acuerdo que incluso hablaba de los dos hijos que no eran comunes entre la pareja, y hasta se fijaron unas visitas para todos los niños de forma conjunta. La resolución judicial no había entrado a valorar cuestiones relativas a las mascotas de la pequeña, que también tuvieron cabida durante la mediación, y que tras ésta, ambos progenitores solventaron en beneficio de su hijita.

 

A los pocos meses, ambos progenitores vinieron a darme las gracias y me informaron de lo mucho que había mejorado la niña, y de cómo ahora todas las decisiones relativas a ella las tomaban ahora de forma conjunta. Me hablaron también de cómo los otros dos niños habían vuelto a estar alegres…

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